CON LA FRENTE EN ALTO: 1er Domingo de Adviento

Dra. Ivelisse Valentín Vera

La temporada de Adviento se puede resumir en una invitación de Dios a Recordar el Pasado, Vivir el Presente y Prepararnos para el Futuro. Recordamos el pasado contemplando y recordando lo que Dios ya hizo, el Señor ya vino, y con esa inmersión en nuestra realidad humana a través de Jesús nos trajo sanidad y liberación temporal, de nuestras angustias, enfermedades y cautiverios actuales pero también la esperanza de que habrá una vida mejor, un segundo encuentro con él que cambiará el destino de la humanidad para siempre. Vivimos el presentedesde la reflexión de Adviento reconociendo la presencia de Jesucristo a través del Espíritu Santo y a través de nuestra imitación a él. Nos preparamos para el futuro desde dos perspectivas: primero desde nuestro futuro encuentro con el Señor al momento de morir, porque morimos con la certeza de que como creyentes nos levantaremos con Cristo en el día de la resurrección y viviremos eternamente; pero también esperamos el futuro desde la esperanza que tenemos en el segunda venida del Señor en la que quedará abolido todo sufrimiento humano y nuestros cuerpos resucitados vivirán en plenitud.

Siendo esa la esencia de esta temporada comenzamos por mirar las lecturas de hoy como una enseñanza de Jesús al cristiano de cómo vivir la vida en espera del momento del encuentro con él:

Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan. Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca. Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día. Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre. Lc 21:25-28 34-36

Estos versos que hemos leído nos ubican frente a un Jesús que les está hablando de lo que ha de suceder cuando Roma venga a destruir el templo en el año 70dC. Habría terror, llanto, muerte, destrucción y serían poco los que pudieran escapar. Sin embargo, la profecía de Jesús abarca un tiempo aun mayor, un tiempo escatológico; les advierte que todos ellos serán dispersados por las naciones y Jerusalén quedará en manos de gentiles, o sea de los Romanos, hasta el día en el que él regrese.

¿Qué exhortación tiene Jesús para los que nos ha tocado vivir esa espera? En tiempos de Jesús, el pueblo vivía en gran angustia y esperaban el salvador; así mismo nosotros vivimos las angustias de nuestros propios tiempos. Estas angustias muchas veces nos sumen en la desesperanza. Jesús, quién conoce profundamente el corazón humano nos deja una importante exhortación para el futuro. Cuando las cosas vayan mal, cuando parezca que vamos a desfallecer ante la crisis y los golpes de la vida, Jesús nos exhorta a hacer 3 cosas:

1. Levantar la cabeza (porque está cerca nuestra liberación)
2. NO embriagar nuestro corazón con los afanes de esta vida
3. Permanecer orando en todo tiempo (orar es comunión con Dios)
Levantad vuestra cabeza y estar erguidos es pedirte que superes su vergüenza, tu angustia, tu desaliento; que te sobrepongas a todo el peso que te abate. Que a pesar de lo difícil de las situaciones puedas levantar la mirada (sin ninguna vergüenza y sin desanimo) con la confianza de que un día ya no viviremos más encorvados y doblados por las angustias que nos oprimen, porque Jesucristo nos ha de libertar. ¿Cómo lo hará? No sabeos, no nos debe preocupar tampoco. En lo que sí debemos confiar es en que lo hará.

No embriagar nuestros corazones de los afanes de esta vida es una expresión de Jesús que no toma desprevenidos. Es una advertencia de las cosas que nos encorvan y no nos permiten caminar erguidos confiando en Dios. Jesús nos llama la atención a mirar, a estar atentos, a despertar del marasmo o del hipnotismo en el que hemos caído por los afanes de la vida. Ya no tenemos tiempo para lo verdaderamente importante. Estamos sumergidos en el mundo de la inmediatez y de todas las cosas que creemos que tenemos que obtener para poder ser felices y hacer felices a nuestros seres queridos. Indudablemente se consiguen especiales en el viernes negro, pero ¿es realmente indispensable entrar en ese desenfreno y gastar desmedidamente para poder pasar una feliz navidad junto a nuestros seres queridos? ¿Puedes recordar el juguete que más disfrutabas de niño? Tal vez era el más barato.

Estar despiertos y ver, es no caer en la indiferencia. Quien se embriaga pierde la conexión con la realidad, pierde la conexión con el dolor, con el sufrimiento, vive una alegría ficticia que nace de una realidad alterna que ha creado como producto del exceso de la sustancia adictiva. Cuando ponemos nuestra mirada en los vienes materiales como la única solución a nuestros problemas nos vamos embriagando del afán por obtener esto o aquello y nos vamos llenando con esto o aquello volviéndonos insensibles a lo que pasa a nuestro alrededor. Mirar y sacudirse de la embriaguez de los afanes de esta vida es despertar a la esperanza de una vida mejor que es posible si acepto la compañía de Dios a mi lado. Salir de la embriaguez es abrir los ojos a la esperanza. Vivir en esperanza, es vivir el adviento, es anticipar a Cristo, es anticipar lo que Cristo pueda hacer por ti.

La esperanza humana es perecedera, tiene punto final porque está basada en lo que se puede alcanzar desde nuestra condición humana para mejorar las cosas. La esperanza que proviene de Dios es la que nos sorprende y la que nos mantiene con la cabeza erguida y la mirada en alto porque es la esperanza que esta puesta en lo que puede suceder aunque todo esté en nuestra contra; es la que está basada en el poder infinito de Dios y no en las posibilidades limitadas del ser humano.

Cuando la esperanza se apaga, se apaga la vida; la persona que ha perdido la esperanza ha perdido la razón de vivir. Abrir los ojos a la esperanza es encontrarse con Dios en la persona de Jesús y reconocer que es Dios quien pueda hacer las cosas que nosotros no podemos hacer y sobre todo creer en que Dios puede tener un desenvolvimiento sorpresivo para hacer que nuestra vida tome un giro para bien. No mates tu esperanza; matamos la esperanza cuando nos embriagamos de las cosas materiales, cuando ponemos en primer lugar el hacer en lugar que el ser; cuando ponemos en primer lugar lo que hacemos y lo que trabajamos para obtener vienes aun sacrificando el tiempo, el afecto y el trato que le damos a nuestros seres queridos.

Cuidado! Detente! Haz una pausa…

Por último Jesús nos llama a orar en todo tiempo para poder ser dignos de estar en pie delante de Dios; orar es estar en comunión con Dios. El Jesús del evangelio de Lucas hacía mucho énfasis en la importancia de la oración. Al punto que algunos biblistas lo llaman “el evangelio de la oración”. En Lucas Jesús se apartaba para orar antes y después de enseñar y hacer milagros; podemos ver a Jesús orando desde el bautismo en el Jordán, al elegir los doce, antes de preguntarles ¿quién dicen que soy yo?, antes de enseñarles el Padre Nuestro, en la transfiguración, en Getsemaní, en la cruz; pero aunque toda su vida era de oración, su oración se traducía en acción. Jesús no se quedaba inmóvil esperando el resultado milagroso de la oración. Jesús oraba y trabajaba, oraba trabajando y trabajaba orando; porque para Jesús orar era un estilo de vida y una manera de mantenerse en comunión con el Padre. ¿Puedes decir que estás en comunión con tu Padre?

Adviento es tiempo de espera y penitencia; es reconocerque muchas veces nos hemos sentido cabizbajos, derrotados, avergonzados y tristes; que otras veces nos hemos dejado llevar por las expectativas materiales y hemos olvidado cultivar las relaciones interpersonales, que en ocasiones hemos perdido la esperanza negándole así a Dios la oportunidad de actuar y sorprendernos. Finalmente, cuando estamos embriagados y sentimos que todo nos va bien nos vamos desconectando de la experiencia de orar porque mientras todo va bien no hay necesidad de pedir. Pero la relación con Dios no se limita o se condiciona a lo que Dios me de porque yo se lo pida, la relación con Dios es un asunto de Comunión; y en esa comunión podemos comunicarnos efectivamente con Dios y encontrarlo como amigo y compañero de camino para poder esperar con esperanza y sin temor que Dios venga a liberarnos de aquellas cosas que no nos permiten vivir una vida plena.